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Por si aún no lo sabes, ReAplicante es blog oficioso no corporativo de SEO a Feira, y claro, como toda empresa pequeña tecnológica, que ahora está muy de moda llamarlo start-up, hemos tenido que lidiar con un montón de clientes (y aun más con clientes potenciales), por eso queremos ofrecerte un poquito de nuestra sabiduría y mostrarte cuáles son los siete tipos de clientes que pueden solicitar tus servicios, ahí van:

1. El niño pequeño

Se caracterizan por decir tres palabras constamentemente: Quiero, quiero y quiero. Si quieren desarrollo web, tranquilo, lo que quieren para su web se va a ir a más de 100.000 euros fácilmente, pero ellos lo ven tan fácil que no creen que valga más de 500, si llega.

Si es en labores de posicionamiento, quieren estar en el Top1 para la palabra viajes, moda y cambio de neumáticos con la misma página web, sin que puedas tocar nada, en seis meses y sin despeinarse.

Los conocerás porque debajo de su traje, su corbata o su vestido de Desigual llevan aún el chupete colgando.

2. El gallego

Es la indecisión en persona y también tiene tres frases que repite constantemente: “No sé”, “no sabría decirte” y “lo miro y hablamos”. A las 48 horas te estarás preguntando qué es realmente lo que quiere y si te contactó porque necesita alguien con quien hablar, y seguramente sea eso, ya sabes lo que dicen: “La explicación más sencilla normalmente es la correcta”.

Lo conocerás porque no sabe si sube, si baja, si respira o si no respira.

3. El que no sabe lo que quiere

A primera vista puedes pensar que es una subespecie de “El gallego”, pero si le miras con otros ojos verás que es distinto, y mucho más jodón.

El que no sabe lo que quiere te cambiará los planes de trabajo como mínimo una vez al día, hará que hagas mil bocetos y no le gustará ninguno, volviendo al inicio, saltando al final, ay, que es que no me gusta este borde así que en vez de una tienda virtual quiero un magazine y demás cosas bonitas.

Tranquilo, una vez que te atrape sabes que el proyecto no va a salir y además estás dilapidando tu tiempo. Usar con precaución.

Lo conocerás porque se queda un rato esperando en el hall decidiendo si toma el ascensor o va por la escaleras.

4. El “te pedí peras pero quiero percebes”

Otro viejo conocido de toda start-up en tecnología, ya sabes, gente que hablas con ellos y tiene un microproyecto al que no le vas a dedicar más de 4 horas a la semana pero, una vez comienzas el trabajo, desata su ira infernal y se convierte en “El niño pequeño” con ganas de pedir, eso sí, no de aumentar su presupuesto.

Les conocerás porque normalmente guardan un hacha, un lanzagranadas y varios lanzallamas en su espalda.

5. El “te lo pago en especie”

Que levante la mano el SEO al que no le hayan propuesto posicionar un hotelito, casa rural, restaurante o empresa de actividades al aire libre y no le hayan dicho “te pago la mitad en dinero y la otra mitad para que vengas a disfrutar de mi empresa”. Sí, lo de la mitad es con suerte, hay veces que es el 100%.

Los conocerás por su sonrisa maliciosa y porque te vendrán con un regalito de su empresa. Di que no antes de que sea demasiado tarde.

6. El Fitipaldi

El Fitipaldi tiene una dualidad que particularmente me toca la huevada bastante:

  • Por un lado todo son prisas y todo lo quiere para ayer a primera hora, sin dilación, en régimen de primer requerimiento y se pone nerviosito si tardas más de cinco minutos en desactivar y neutralizar una amenaza nuclear.
  • Por otro lado, él se asegura que tú tengas prisa, pero él no va a tener ninguna. Tú tienes que estar a su requerimiento, pero él no al tuyo.

Lo conocerás cuando lleve un mes sin contestarte pero, una vez te conteste, no pare de dar la coña cada diez minutos. Eso y porque adelanta por la izquierda, por la derecha y por encima si hace falta.

7. El normal

El normal es una rara avis antes de la crisis, y ahora parece que se ha refugiado en sus hábitats naturales (léase Alemania, Japón o Singapur como sus grandes reservas) porque no hay dios que encuentre uno.

El normal es un tipo que o bien sabe de lo que habla o, si no sabe, se deja asesorar, elige el servicio y los tiempos, fija un presupuesto, el trabajo sale de forma natural y todo son risas.

Lo conocerás porque no existe en estos momentos, así que no te hagas ilusiones. Eso sí, si te topas con este animal mitológico, no te olvides de celebrarlo de cañas con tus colegas.

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